La virgen de Las Candelas: la transición entre lo profano y sagrado

Por: Sergio Leonardo Alzate Hoyos

El acervo cultural en Riosucio no agota sus posibilidades en El carnaval, Encuentro de la Palabra y la Semana Santa. Existe una tradición que transita entre lo profano y lo sagrado y es el resquicio de luz por el cual podemos vislumbrar la cosmogonía de los pueblos aborígenes que cohabitaban el territorio caldense antes de la colonización europea.

Divinidades solares y acuáticas fueron sepultadas y borradas de las conciencias; sin embargo, el fuego presente en esta fiesta patronal es el elemental que ha resistido años de genocidio cultural.

Cada año se rinde homenaje a la Virgen de la Candelaria con las fiestas patronales que se celebran del 24 de enero al 2 de febrero. Para entender el corpus cultural riosuceño hay que desentrañar en sus diferentes facetas que condensan lo apolíneo y lo dionisiaco. La exultación religiosa y pagana acompañan el inconsciente colectivo de este pueblo que su fecha fundacional la ubican con el nacimiento de la república colombiana. Los parques de este terruño son espacios para la entrada del diablo y la devoción religiosa a la virgen; por lo cual, condensan dos visiones de mundo y sociedad que se cristalizan en la mixtura cultural del mismo.

La virgen de la Candelaria también tiene que ver con el agua. Es el aspecto femenino maternal gestante de los ciclos lunares. Es de resaltar que los santuarios de las diferentes advocaciones a María están ubicados originalmente en lugares donde brota de la tierra fuentes acuáticas. Para algunos expertos como Julián Bueno Rodríguez” La canducha” es el vestigio del sincretismo entre la diosa de la chica de los Pueblos de Indios de la Montaña y la Virgen María, patrona de los colonos europeos. Ambas rinden culto a la fertilidad y al natalicio. Por fortuna se ha conservado el rito ceremonial primero con chicha de maíz, hoy con guarapo de caña, en efecto, todos los símbolos presentes en esta fiesta: la devoción religiosa, el fuego y el guarapo es la forma en que se rememora las memorias antiguas que se resisten a ser sepultadas en el olvido.

Cuenta la leyenda que en estas tierras existían espacios de veneración como la laguna de Mogán que estaba ubicada contigua a la comunidad que hoy se conoce como Pueblo Viejo. También las cumbres de las montañas eran importantes espacios para la vida religiosa, los cerros: Ingrumá, Carambá, Ibá, son algunos lugares prominentes. Desde la cima, los sacerdotes, mediadores entre los dioses y los hombres ofrecían sacrificios para obtener la expiación y el favor para las cosechas. Los dioses subterráneos, y las deidades de los socavones de las minas se mantuvieron vivos a través del culto de la Virgen de las Candelas, como lo subraya uno de los estudiosos de la fiesta, Héctor Jaime Montoya en su libro, Virgen de la Candelaria de la Montaña Riosucio Caldas, «Recogienda» de voces que la exaltan, un texto imprescindible para conocer las estructuras y raíces de esta fiesta.

Hoy por hoy, esta fiesta tiene símbolos que condensan la idiosincrasia de un pueblo. El sortilegio a la pólvora hace un llamado al medio día y en la noche para que los feligreses acudan a la novena. «La Vaca loca» otro elemento fundamental, es un artificio lúdico de madera en forma de toro que llena la noche de un ambiente festivo y misterioso, ya que involucra el simbolismo universal al fuego. Este armazón es temido y amado por niños y adultos. En la víspera de la fiesta uno de los «Manejadores» o «Vacaloqueros» la saca, le enciende los cachos y arranca con ella prendida al son de la música festiva interpretada por la banda tradicional de «Los Mafla», que es una familia que desde hace décadas ameniza musicalmente esta fiesta. Por otra parte, El tradicional «Paseíllo» cómo lo anota Óscar Henao Carvajal: «Es un desfile por las principales calles del pueblo en el que participan: el portador del «Sol de banderillas» «Los vacaloqueros» llevando «Las vacaslocas», émulos de toreros y toreadores, polvoreros, guaraperos y curiosos.»

Esta fiesta también es un homenaje a los artistas: la música y el fuego es un binomio indisoluble. Los poetas también le cantan a la patrona: «Yo te saludo con el alma entera; con todo el fuego de mi amor ardiente». Algunos devotos de esta provincia declaran con orgullo: «se ha paganizado más La Virgen que cristianizado el diablo del carnaval, gracias a esta señora que, en vez de tapar, aviva»

Es la virgen de los artesanos, zapateros sastres, costureras, carpinteros, entre otros. La virgen de las candelas era uno de los motivos por el cual nuestros abuelos superan las rencillas bipartidistas heredadas del siglo XIX.  En conclusión, como dice Héctor Jaime Montoya: ‘‘Candelaria mestiza es el tizón que no se apaga, túnel que conducirá a nuevos investigadores a encontrar jugosas gangas para beneficio de una convivencia más equitativa.’’

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