El Humanista Otto Morales Benítez

Por: Albeiro Valencia Llano

Hace 100 años nació este personaje de dimensión continental. Su cuna es Riosucio, una región heredera de una rica tradición cultural desde las sociedades prehispánicas y con enorme importancia durante el período colonial, por las minas de oro de Quiebralomo y por su relación económica y cultural con Supía, Marmato y con los pueblos ubicados al otro lado del río Cauca. Pero, además, en la zona hacían presencia las comunidades indígenas y los afrodescendientes, que contribuyeron a enriquecer la cultura. Después de creado el departamento de Caldas la región continuó su desarrollo económico y social, pero surgió un nuevo factor, el Carnaval de Riosucio, que jugó importante papel en la conservación de la tradición, pues se convirtió en uno de los filones más ricos e interesantes del folclor nacional. En esta tierra y en este ambiente nació Otto Morales, el 7 de agosto de 1920, en el hogar conformado por don Olimpo y doña Luisa.

La casa era el centro de muchas de las actividades que marcaron la vida del niño Otto y sus hermanos, pues allí estaba el acento humano, cultural y político; vivía en permanente tertulia con sus padres y con los hermanos Olimpo, William, Ligia, Omar y Armando. Desde muy niño participaba en la vida cotidiana en Riosucio, y la oficina de su padre, situada en el primer piso de la casa, se convirtió en la mejor escuela, pues por allí pasaban personajes de diferente condición social, económica y cultural. Encaramado en unos bultos de café, escuchaba conversaciones llenas de colorido, sabiduría y entusiasmo. Por ejemplo los arrieros que llegaban con las recuas de mulas, cargadas de café, más los mineros pobres, así como los dueños de minas. Estos personajes que producían asombro por sus narraciones, por los adjetivos violentos, por las hazañas exageradas y por el lenguaje novedoso, impresionaban al niño. Seguramente en esta escuela de la vida se fue formando ese ameno conversador, de risa fácil; las tertulias en la oficina de su padre lo moldearon para que confiara en los demás, le transmitieron la alegría de vivir y le infundieron el desbordante optimismo.

Los años de formación

De niño estudió en la escuela pública de su pueblo, por eso no entendía de élites, ni de castas, ni de privilegios; en 1933 ingresó al colegio oficial de varones para iniciar sus estudios de educación secundaria; y luego los continuó en Popayán, porque Riosucio había pertenecido al Estado Soberano del Cauca y la capital seguía siendo el centro político y cultural. A la edad de 19 años ingresó a la Universidad Pontificia Bolivariana, a la Facultad de Derecho. Al mismo tiempo lo nombraron profesor de literatura colombiana, española y universal; de este modo se fue preparando para colaborar en los periódicos. Un hecho orientó su vida; el doctor Fernando Gómez Martínez, quien era su profesor de Derecho Constitucional, le encargó, en compañía de Miguel Arbeláez Sarmiento, la dirección del suplemento Generación, de El Colombiano. El joven Otto aceptó el reto, tenía 19 años y se lanzó a su primera gran aventura como ensayista, dirigiendo estas páginas culturales.

El ingreso a la política

Cuando concluyó los estudios universitarios se radicó en Manizales donde vivían sus padres; abrió oficina de abogado y se dedicó a escribir para varios periódicos de Medellín, Bogotá y Manizales. Pero el 15 de enero de 1945 lo nombraron Secretario de Gobierno de Manizales, honor que declinó pues su padre le había dicho que al hombre no le daban sino tres enfermedades mortales: el juego, la minería y la empleomanía.

Sin embargo el 30 de enero del mismo año lo nombraron Jefe Departamental de Debate, del Partido Liberal, con el reto de unir al partido para las elecciones; en consecuencia recorrió los 42 municipios del departamento, se reunió con los líderes de nivel medio, organizaron las elecciones y, en marzo de 1946, fue elegido diputado a la Asamblea. Desde esta tribuna promovió la fundación de la Universidad Popular de Caldas. Por estos días se casó con su prima Livia Benítez.

Luego siguió un período de crisis nacional; brotes de violencia política en casi todo el país, como consecuencia de la tímida reforma agraria de Alfonso López Pumarejo, en su primera administración; en este difícil ambiente Otto Morales ejercía como Presidente del Directorio Liberal de Caldas. Para esta época ya era conocido en el país como ensayista, orador y escritor; en una difícil campaña política, en marzo de 1947, llegó a la Cámara de Representantes y fue bautizado con el nombre de “el Benjamín de la Cámara”.

Como Presidente del Directorio Liberal le tocó vivir toda la violencia que padeció el departamento a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948; finalizando el año 1949 se radicó en Bogotá, por su trabajo en el Congreso y por la dimensión nacional de su figura como intelectual y como político. Le correspondió padecer el recrudecimiento de la violencia durante los gobiernos de Ospina Pérez, Laureano Gómez y la dictadura militar. En esta difícil etapa Alberto Lleras fue nombrado jefe del liberalismo, en 1956, y nombró a Otto, Secretario General, cuando el odio entre los dos partidos tradicionales era más agudo y la violencia producía asesinatos en todo el país.

Sus compromisos con la nación

Después de la dictadura de Rojas Pinilla, en el gobierno de la Junta Militar y en los inicios del Frente Nacional, se vinculó a la Comisión Investigadora de las Causas de la violencia (años después, en 1982, el presidente Belisario Betancur lo nombró presidente de la Comisión de Paz). El 8 de abril de 1959, el presidente Alberto Lleras le ofreció el Ministerio del Trabajo y el 9 de noviembre de 1960 asumió como Ministro de Agricultura, con la tarea de impulsar la Reforma Agraria. Se retiró del ministerio y el 12 de marzo de 1962 fue elegido Senador.

Por esta época inició el recorrido por el continente americano debido a compromisos con universidades y por la relación con líderes e intelectuales para estudiar las ideas que inquietaban a Indoamérica. De este modo se convirtió en un personaje dedicado a analizar los problemas del continente, y tomó la bandera de la identidad mestiza como filosofía del pueblo americano. Dio al mestizo un nuevo contenido porque su problema es el desprecio a su tradición, pues nuestra riqueza cultural fue ocultada, suplantada y destruida.

Por su constante y tesonero trabajo, durante muchos años, Otto Morales se convirtió en “fuerza de acción”, en uno de los escritores e ideólogos que más reflexionó sobre la situación de Colombia y de América. Esto está plasmado en la cantidad de libros publicados, que permiten entender su papel en la historia del país de los últimos  80 años.

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